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El cultivo de piparras tiene un origen antiguo, ya que se cree que, tras la llegada de los pimientos desde América en el S XVI, se adaptaron progresivamente a los climas húmedos del norte de España y de esta adaptación surgieron las mismas. En el libro “Pimientos, guindillas y pimentón” (Edit. Trea), el autor Francisco Abad Alegría ya cita esta adaptación como clave para la obtención de buenas guindillas y piparras: “Guindillas, cornetas, piperras o piparras, tanto da, son variantes de una misma guindilla que antaño se llamó corneta, por su forma, que recuerda a un instrumento de viento ya en desuso. La selección cuidadosa ha permitido sentar algunos localismos (…) no es raro que las piperrak que se encurten sean suaves, de piel fina, aromáticas y otras cornetillas sean grandes, demañadas, bastas de piel, incluso a veces desmesuradas en el picante”.
Los primeros registros escritos sobre el cultivo de pimientos en la región vasca los encontramos en tratados agrícolas del S XVII y son mencionados como un producto complementario en la dieta local. Y ya en el S XIX las piparras encurtidas se convierten en un recurso popular en la cocina rural de la zona.
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El cultivo de piparras tiene un origen antiguo, ya que se cree que, tras la llegada de los pimientos desde América en el S XVI, se adaptaron progresivamente a los climas húmedos del norte de España y de esta adaptación surgieron las mismas. En el libro “Pimientos, guindillas y pimentón” (Edit. Trea), el autor Francisco Abad Alegría ya cita esta adaptación como clave para la obtención de buenas guindillas y piparras: “Guindillas, cornetas, piperras o piparras, tanto da, son variantes de una misma guindilla que antaño se llamó corneta, por su forma, que recuerda a un instrumento de viento ya en desuso. La selección cuidadosa ha permitido sentar algunos localismos (…) no es raro que las piperrak que se encurten sean suaves, de piel fina, aromáticas y otras cornetillas sean grandes, demañadas, bastas de piel, incluso a veces desmesuradas en el picante”.
Los primeros registros escritos sobre el cultivo de pimientos en la región vasca los encontramos en tratados agrícolas del S XVII y son mencionados como un producto complementario en la dieta local. Y ya en el S XIX las piparras encurtidas se convierten en un recurso popular en la cocina rural de la zona.